20.6.07

un hombre me mira. es oscuro. otro hombre del otro lado. quiero escapar y no se por qué. me siguen, se aparece uno por delate. siento su cuello, siento su transpiración. es blanco. viste un traje gris. camisa blanca. sus pensamientos se me hacen transparentes.
empiezo a bajar, a sentir su pecho, sus fibras apiladas, su quieta tiranía palpitando sangre, rígido, erguido. estatua.
alguien me toca el culo. alguien me acaricia el culo. perfila su cuerpo redondeado al que intenta endurecer con éxito intermitente. perfila sus dedos, afina su dudas. busca ansioso el hoyo negro donde ahorgará su pensamiento, bombeándolo, resfregando las arruguitas.
rascar la comezón.
lamo uno de los cuellos, tomo su pija para conducirlo.
siento el voltaje.
comparo ambos penes. disfruto las diferencias. siento la sal. quiero saborearla, el mar, el viento, la lava subliminal, la textura. las rugosidades.
mi culo es recorrido. hormigueo, imán, revólver revolviendo.
disposición a cabalgar.

-¿y si se acaba?

uno de ellos me dice pura. y se muestra puro, seguro, inocente aún cuando da golpes de hierro para corregirme, aún cuando me perfora el orto con su taladro de pavimentar. dispone de mí como si yo fuese su creación, la niñita a la que siempre le dará su mamadera, su amamantamiento diario. su ración. su lección.
¡el muy niño!
se había alejado de mí ofendido y sin hablarme una vez más, tal como siempre lo hacía, pero ya no fui a buscarlo. y no porque haya querido cambiar el juego. simplemente yo lo hacía mejor que él.

el otro me quiere puta. y se muestra ansioso todo el tiempo. y no me habla más que con recortes de conversaciones, y siempre se sorprende, y siempre se preocupa. le gusta cogerme por la vagina, pero mucho más le gusta aullar tras mis ancas. él cree que yo actúo, que quiero no se qué cosa que él cree tener, entonces se pone a actuar. y yo no actúo, sólo disfruto del espectáculo.


-¡si se acaba que se acabe! pero de verdad...


uno atrás y otro adelante.
esa es mi fantasía...

7.6.07



había empezado como empiezan tantas cosas. con la más absoluta y completa naturalidad. una noche como tantas otras a través de los siglos. una noche más bajo la luna preñada de sangre.
en el ascensor unieron sus lenguas. sintieron cada uno el calor del otro. los calores se hicieron más fuertes, se potenciaron con la agitación de las caricias.
piso 3: una monja envuelta en silencio de muerte, silencio de culpa, sube al recinto.
los besos se hicieron más fuertes, las caricias se hacían intensas bajo la ropa.
haciendo señales de cruz, condenando lo que envidiaba, la pretendiente de las estatuas bajó del lugar pecaminoso mientras la chica se bajaba de la boca del hombre. recorrió el pecho, sus olores, sus músculos labrados, su ombligo rodeado de pelos...



Marcela ganaba con un polvo lo que a un trabajador de clase media le hubiese llevado un mes. Marcos ganaba por mes lo que una gran mayoría gana en un año. Esta vez Marcos le pagaría el doble, pues tendrían como invitado al padre Ignacio Peries, un amigo al que le debía más de un favor (entre ellos el trabajo).



en el espejo del ascensor se reflejaban las curvas de Marcela. él le levantó las faldas y apreció con la boca inundada de saliva lo que luego degustaría con fruición sagrada.
ella desefundó la verga de su compañero. era tan grande que bastaba con mirarla para sentir el culo ardiendo de dolor. con la punta de la lengua la recorrió, la dibujó, sintió cada arruga... y luego se la metió en la boca tan profundo como pudo.
piso 6: se abrió la puerta. dos hombres y una mujer miraron el espectáculo pero prefierieron esperar al próximo ascensor. ninguno de los dos hombres pudo apartar su vista del prodigioso culo de Marcela. la mujer no quiso mirar de frente, pero no se perdió detalle del miembro descomunal que se reflejaba en el espejo lateral.


Marcos abrió su paquete de cocaína de primera calidad. acompañó la línea con un vaso de whisky escocés. se preguntaba porqué Marcela estaba tardando tanto desde que tocó el timbre del portero. (tenía la pija parada de solo pensar en lo que ocurriría.)
en el ascensor, sobre un espejo de mano, estaban compartiendo el polvo blanco que los haría estar en el tiempo y espacio que necesitaban estar.
titilaba una luz en el teléfono, era el padre Ignacio diciendo que no podía ir porque había surgido un bautismo de última hora. (en realidad se trataba de un chico al que había rescatado de la calle y que en el mismo momento en que estaba dejando este mensaje le estaba chupando la pija por los 30 pesos que le había prometido.)



no pasaron dos segundos desde que se abrió la puerta del ascensor hasta que Marcos tuvo el caño frío de la pistola en su frente. Marcela se puso al costado, le besó el lóbulo de la oreja y luego le hundió su lu lengua tan profundo como pudo.
para Marcos eso era el limbo en el que esperaba el paraíso.
Marcela le tomó el pene con su manecita:
-¿me extrañaste? -susurró.
el disparo saltó junto con los celos de su compañero.



y bañados en sangre, Marcela y su amigo cogieron tan dulcemente que hasta creyeron ser dioses...












provervios 12,45: "del polvo venimos..."

4.6.07









fragancia de mujer deslizándose en los hilos de la noche...
un aullido, ulular de los árboles, derrames lunares.
hay una mujer temblando, dos monjas recorren el cementerio sin siquiera mirar a su alrededor, vestidas en negro y blanco, rezando tapan sus bocas, caminando anulan sus pasos.
hay una mujer acariciando su rostro para saber si aún existe, de tanto gritar ha gastado su garganta, de tanto imaginar ha agotado su temor, se ha bañado en pavor...
un viento huracanado recorre su cuerpo, se desliza en su piel, en sus lívidas manos, sus dedos, es tacto en su rostro, enroscando sus curvas, arrasando sus múltiples fragancias.
los labios rojos una guinda.
toma sus manos, besa su cuello.
la víctima es víctima, mientras no siente otra cosa que pavor.
desliza una mano desde el hombro hasta sus tetas. las conmueve, las moldea, las aprieta... tan fuerte como el viento huracanado.
la otra mano toca la frente, los ojos, dibuja la nariz, jala con fuerza la boca, los labios de guinda.
el vientre contra la curva espalda, las pieles encendidas crujen, se resfriegan las dos como víboras.

ya no le importa lo que pase, la muerte sería apenas un alivio a la marea de fuego.

baja sus manos por el vientre, arranca todos los blancos vestidos como si fueran telas de arañas, recorre las caderas, intenta absorverlas con caricias, muerde su oreja, besa el lóbulo, penetra el laberinto con la lengua, el cuello aguarda.
hay miel.
está caliente.
tan hondo como permiten los movimientos, tan hondo como el hondulante ritmo deja llegar, fragor, fragancias, tibieza...
ahora la empuja.
otra vez víctima, la mujer de blanco espera en el piso, sus piernas abiertas.
un beso más y la lengua se hunde como víbora entrando en su madriguera.
se aferra a los muslos, para lamer mejor, para chupar más hondo.
clava las uñas y la sangre empieza a derramarse en gotas.
el olor la lleva aún más lejos en el frenesí.
empieza a desgarrarla.
sube hasta las tetas, las muerde.
rasguña su vientre, lo hiere.
luego la besa en la boca y bebe las lágrimas.

al final, la mordida en el cuello hará que el tambor de latidos estalle.

3.6.07

semilla de maldad.
cripta de cristal.
sensaciones enmudecidas...

vidamuerte a mis espaldas
contaminación de olvidos entrecruzados
prospera en mi vientre
la entrega
preparo con humos y ungüetos tu llegada
viajero del tiempo perdido en algunos minutos
cargado de cuerpos
te preparo un té
y aparece tu fragancia
tu imán
tu incandescencia de círculos concéntricos
en ritmo
movimientos de lava
retornos de hielo...

yo:

Mi foto
soy así, me aceptas bien, si no... que te vaya bien!