8.10.07

aquelarre



daban las doce




el aire transportaba la ponzoña de los siglos.
los siglos transportaban el suicidio de cada microsegundo que pasa
sin trascender
cada segundo suicidado en años de ponzoña.




hay mujeres desnudas, risas, lágrimas,
hay placeres derramándose.

se acerca a mí otra mujer. me siento desprotegida, siento que todas mis argucias "de mujer" no son nada ante ella. no me protegen de sus arrebatos, no me detienen ante esos labios que me atraen: me chupan hacia ellos: abismo/tiempo.

me toca las tetas. me acaricia. me quita mis pocas ropas, la túnica blanca y la falda reglamentarias para oficiar la misa.
sus ojos están fijos. los siento adentro de los míos. mis pupilas abiertas, desangrantes de esa otra mirada.
mis tetas, encendiéndose.
electricidad/sudor.

y bailamos.


es un baile de máscaras.
a pocos pasos, tras haber oficiado esta misa -como tantas otras-, bailaba el padre Ignacio.
con todas las que lo festejaban.
vislumbro entonces a un chica al costado, aspirando polvo quitapenas.


-¿cómo te llamas?

-Marcela

-tú ya sabes quién soy. quiero algo de tí. quiero que me des un niño. no me importa de dónde lo saques, quiero que me traigas un niño. ¡y serás bien recompensada, hija mía!

-¿para qué lo quieres?

-menos pregunta dios y sacrifica, hija mía.



daban las doce
y las doce era el tiempo inmemorial de esa noche



comenzó a acariciar mi vagina, con esos dedos que parecían serpientes desesperadas de sexo.
su lengua mi lengua librando batallas
mi piel, resfregándose en su piel.
hubiese hecho cualquier cosa por ella esa noche.
me hubiese arrojado hasta el abismo más profundo.
me hubiese puesto debajo de las fauces del dragón de peor reputación.
me hubiese disfrazado de cordero entre los lobos.
porque la quería.
¡porque quería!


yo:

Mi foto
soy así, me aceptas bien, si no... que te vaya bien!