28.1.08









hay un mundo distinto.
al otro lado de las cuatro paredes entre las que vivimos.


un niño pide limosnas para comer. otro niño pasa de la mano de su madre.

-¿podemos invitarlo a comer?

-¡no! -replica la madre-, él no es como nosotros.

dos piernas, dos brazos, y tanta suciedad como cualquiera tendría por haber estado jugando...


hay un mundo distinto.
el marido encontró a una mujer de mejores tetas y menos chillona. ¿cómo se lo dice a su esposa?
¡qué más dá! el contrato de matrimonio ya se encargará de que ella reciba lo que merece. al fin y al cabo, así lo dice la ley.
además, los dos ya tienen suficientes infidelidades como para estar parejos, para atestiguar.
uno de cada lado.
como siempre: uno contra otro.

y siempre de a dos...


mientras gastan un polvo más, luego del whisky y el cigarrillo, en la otra habitación del mismo hotel, un empresario festeja con tres mujeres que tras despedir a dos miserables más que trabajaban para su compañía logró comprarse el último modelo de BMW, el que trae dvd incorporado.


abajo, en el cuarto que está justo al lado de la puerta trasera, una prostituta entrega hasta el último de sus agujeros a tres adolescentes borrachos. ella no quiso tener que fregar pisos, ni tampoco pretende ser princesa de ningún cuento. simple y sencillamente quiere vivir bien.
dejó de tener orgasmos hace años...


del otro lado el presidente, hablando en tv: "somos el primer mundo".
uno, dos, tres y mil mundos arremolinados.
y junto con los nombres vinieron los precios y las ofertas.

en una pared:
"patriotismo es egoísmo colectivo!"


mirando al río tras una baranda, buscando tesoros entre las escamas plateadas, Muerte deja que ruede una lágrima.
una vez cada cien años,
debe pagar el precio por ser quien separa a los vivos de los muertos,
una vez cada cien años
las paredes se caen.

8.1.08

abismos de pasión

Barre que te barre, limpio sobre limpio, la buena de Mariángeles no deja de mirar.
Mira y atisba las historias, entre líneas, de boca en boca, o preguntando la pregunta correcta a quemarropa.
Mariángeles no deja de imaginar.

Una madre castiga a su hijo en la vereda:
¡si no hacés lo que te digo no te voy a querer más y te vas a quedar solo, solo, solo!

Mariángeles quizás se quedó sola de tanto hacer lo que le decían… pero ella prefiere no darse cuenta. Seguir barriendo. Limpiando. Alejando la tierra de la duda de su limpio pensamiento.

Pasa un auto patrulla. El oficial la mira. Ella atina a saludarlo. Él mira hacia otro lado.
“Mío, tan mío como mi brazo, mi pierna, mi pelvis, mi dedo gordo del pie, mi lindo muñequito!!” –la madre le dice a su hijo.

–¿Quieres que te muestre mi muñeco? –le dijo su primer novio, el único, pues todos los demás fueron un intento de olvidarlo.

–A ver cómo es… –fue lo único que pudo decir; por ese entonces, para ella, el sexo era una curiosidad no tan diferente a ir a un spa o al nuevo shopping que habían abierto en la ciudad, o quizás el placer de lucir un vestido nuevo... como cuando jugaba a las muñecas y la más linda tenía el vestido más lindo.

Así de frívola era para ella la sexualidad. Y no porque no la disfrutara. Simplemente pensaba que era algo menor, demasiado cercano a lo ilícito, a lo pecaminoso. Justamente por eso no podía evitar sentir un poco de asco cuando su compañero le pedía que lo chupara. El olor, los pelos, la transpiración… ¡le parecía todo tan mundano!

¿Cuántos gustos es capaz de darle una madre a su hijo varón? –pensaba-, de ser necesario, ¿llegaría incluso a hacerle un sexo oral?

“Eres de tus padres hasta que un hombre te reclame”, decía la leyenda en su cabeza.

¿Por qué no es lo mismo con respecto a los hombres?
¿Porque ellos pueden y tienen lo que las mujeres no?

Parece todo tan lógico, tan natural…
(La Mujer debe preservarse para la Misión más importante: ser Madre.)

Y los años pasaron, y su novio se marchó tras una bailarina indiferente al lenguaje del reproche: lo mío y lo tuyo, te di esto me das esto otro, porque sí, porque corresponde: porque es la Ley del mundo moderno y de siempre, lo que Dios manda, naturalmente hablando, por supuesto.

Cuando era chica Mariángeles se desquitaba de su madre retando a sus muñecas. Ella, que de tan hermosa parecía una muñeca.

Ahora barre, los pedazos del contrato, el vuelto que nunca le devolvieron, el hilo de la telenovela con el que no pudo hilvanar su vida, los restos del Demonio que no alcanzó a poseerla, las imágenes del cuerpo que nunca pudo poseer a voluntad, los orgasmos que quedaron sin usarse, las tinturas con las que no alcanzó a maquillar las culpas que sentía sin saber porqué, las flores que perfuman el dolor, las sonrisas que hacen cómplices, el mazo mal barajado, la manzana que se negó a morder, el paraíso que ya no le alcanza para compensar, la madre a la que no pudo redimir, los reyes magos que no eran su padre ni su madre ni su novio, el dinero como brujería a la que hay que tratar con cautela, los tabúes del juego, los juegos permitidos y los juegos prohibidos, las historias de vecinas, que sentía el deber de ver tan vecinas a la suya…

Barre Mariángeles, barre.
Tanta nada acumulada que amenaza con destruir su pasión de Mujer…

7.1.08

después del orgasmo llega el vértigo...

me lo dijo una vez un amante y jamás lo olvidé. es nada más que un instante, un flash, un relampagueo... y ya eres otro. y sobre todo: alguien con otros gustos.

¿qué tan contradictorios pueden llegar a ser nuestros gustos?

Jeckyll se horrorizaba de Hyde, se agarraba de los pelos, se injuriaba, se culpaba, se atormentaba... ¿quién iba a pensar que eran el mismo?
¿el doctor Jeckyll no habrá sido acaso la mejor creación del señor Hyde?

a no olvidarlo:
el antídoto y la droga se confunden al otro lado de la pared del olvido.


mi amante tenía una esposa, a la que adoraba tiernamente. y venía a veces a mis orillas a calmar su sed intensa; que aún así nunca calmaba... y siempre quería más. y quería algo nuevo.
gozar!
hasta el fondo.
le gustaba sobre todo cogerme con otro hombre.
le gustaba verme mamar, verme en distintas posiciones, con otro y otro más... sentir mi deseo. expandirlo!
casi siempre, en algún impulso, quería mi culo, justo un par de momentos antes de acabar en mi cara.


siempre...
no bien lo hace, apenas acaba, y mientras yo me relamo su leche y sigo masturbando a su compañero, él me da un beso en la frente, se limpia, se viste...
y se va.

yo:

Mi foto
soy así, me aceptas bien, si no... que te vaya bien!